martes, 16 de junio de 2015

"La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas"


"La misión principal de la escuela ya no es enseñar cosas"
"Internet lo hace mejor", dice Francesco Tonucci

El pedagogo italiano no cree en la doble escolaridad. 
"La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet." La definición, llamada a suscitar una fuerte polémica, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci. Pero si la escuela ya no tiene que enseñar, ¿cuál es su misión? "Debe ser el lugar donde los chicos aprendan a manejar y usar bien las nuevas tecnologías, donde se transmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo", responde.
Para Tonucci, de 68 años, nacido en Fano y radicado en Roma, el colegio no debe asumir un papel absorbente en la vida de los chicos. Por eso discrepa de los que defienden el doble turno escolar.
"Necesitamos de los niños para salvar nuestros colegios", explica Tonucci, licenciado en Pedagogía en Milán, investigador, dibujante y autor de Con ojos de niño, La ciudad
de los niños y Cuando los niños dicen ¡Basta!, entre otros libros que han dejado huella en docentes y padres. Tonucci llegó a la Argentina por 15a. vez, invitado por el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, a quien definió como "un lujo de gobernante".
Dialogó con LA NACION sobre lo que realmente importa a la hora de formar a los más chicos y dejó varias lecciones, que muchos maestros podrían anotar para poner en marcha a partir del próximo ciclo escolar.
Propuso, en primer lugar, que los maestros aprendan a escuchar lo que dicen los niños; que se basen en el conocimiento que ellos traen de sus experiencias infantiles para empezar a dar clase. "No hay que considerar a los adultos como propietarios de la verdad que anuncian desde una tarima", explicó.
Recomendó que "las escuelas sean bellas, con jardines, huertas donde los chicos puedan jugar y pasear tranquilos; y no con patios enormes y juegos uniformes que no sugieren nada más que descarga explosiva para niños sobreexigidos".
Y que los maestros no llenen de contenidos a sus estudiantes, sino que escuchen lo que ellos ya saben, y que propongan métodos interesantes para discutir el conocimiento que ellos traen de sus casas, de Internet, de los documentales televisivos. "¡Que se acaben los deberes! Que la escuela sepa que no tiene el derecho de ocupar toda la vida de los niños. Que se les dé el tiempo para jugar. Y mucho", es parte de su decálogo.
De hablar pausado y de pensamiento agudo, Tonucci transmite la imagen de un padre, un abuelo, un educador que aprendió a ver la vida desde la perspectiva de los niños. Y recorre el mundo pidiendo a gritos a políticos y dirigentes que respeten la voz de los más pequeños.
-¿Cómo concibe usted una buena escuela?
-La escuela debe hacerse cargo de las bases culturales de los chicos. Antes de ponerse a enseñar contenidos, debería pensarse a sí misma como un lugar que ofrezca una propuesta rica: un espacio placentero donde se escuche música en los recreos, que esté inundado de arte; donde se les lean a los chicos durante quince minutos libros cultos para que tomen contacto con la emoción de la lectura. Los niños no son sacos vacíos que hay que "llenar" porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo.
-¿Cómo se deberían transmitir los conocimientos?
-En realidad, los conocimientos ya están en medio de nosotros: en los documentales, en Internet, en los libros. El colegio debe enseñar utilizando un método científico. No creo en la postura dogmática de la maestra que tiene el saber y que lo transmite desde una tarima o un pizarrón mientras los alumnos (los que no saben nada), anotan y escuchan mudos y aburridos. El niño aprende a callarse y se calla toda la vida. Pierde curiosidad y actitud crítica.
-¿Qué recomienda?
-Me imagino aulas sin pupitres, con mesas alrededor de las cuales se sientan todos: alumnos y docentes. Y donde todos juntos apoyan, en el centro, sus conocimientos, que son contradictorios, se hacen preguntas y avanzan en la búsqueda de la verdad. Que no es única ni inamovible.
-¿Cuál es rol del maestro?
-El de un facilitador, un adulto que escuche y proponga métodos y experiencias interesantes de aprendizaje. Generalmente los pequeños no están acostumbrados a compartir sus opiniones, a decir lo que no les gusta. Los docentes deberían tener una actitud de curiosidad frente a lo que los alumnos saben y quieren. Les pediría a los maestros que invitaran a los niños a llevar su mundo dentro del colegio, que les permitieran traer sus canicas, sus animalitos, todo lo que hace a su vida infantil. Y que juntos salieran a explorar el afuera.
-Varias veces usted ha dicho que la escuela no se relaciona con la vida. ¿Por qué?
-Porque propone conocimientos inútiles que nada tienen que ver con el mundo que rodea al niño. Y con razón éstos se aburren. Hoy no es necesario estudiar historia de los antepasados, sino la actual. Hay que pedirles a los alumnos que se conecten con su microhistoria familiar, la historia de su barrio. Que traigan el periódico al aula y se estudie sobre la base de cuestiones que tienen que ver con el aquí y ahora. Esto los ayudará a interesarse luego por culturas más lejanas y entrar en contacto con ellas.
-¿Cómo se puede motivar a los alumnos frente a los atractivos avances de la tecnología: el chat, el teléfono celular, los juegos de la computadora, el iPod, la play station?
-El colegio no debe competir con instrumentos mucho más ricos y capaces. No debe pensar que su papel es enseñar cosas. Esto lo hace mejor la TV o Internet. La escuela debe ser el lugar donde se aprenda a manejar y utilizar bien esta tecnología, donde se trasmita un método de trabajo e investigación científica, se fomente el conocimiento crítico y se aprenda a cooperar y trabajar en equipo.
-¿Es positiva la doble escolaridad?
- En Italia llamamos a este fenómeno "escuelas de tiempo pleno". La pregunta que me surge es: ¿pleno de qué? Esta es la cuestión. La escuela está asumiendo un papel demasiado absorbente en la vida de los niños. No debe invadir todo su tiempo. La tarea escolar, por ejemplo, no tiene ningún valor pedagógico. No sirve ni para profundizar ni para recuperar conocimientos. Hay que darles tiempo a los niños. La Convención de los Derechos del Niño les reconoce a ellos dos derechos: a instruirse y a jugar. Deberíamos defender el derecho al juego hasta considerarlo un deber. .


domingo, 12 de abril de 2015

“Alma de noche”

“Alma de noche”

Furtivo desciende de los negros bosques
un venado azul, el alma.
Es de noche y sobre los escalones musgosos
se ve una fuente blanca.
La sangre y un grupo de armas antiguas
murmuran en el valle de los pinos.
La luna brilla siempre en parajes derruidos;
embriagada por venenos oscuros,
máscara de plata inclinada
sobre el sueño de los pastores;
cabeza abandonada en silencio por sus sagas.
Oh, abre ella sus frías manos bajo arcos de piedra
mientras lento sube un dorado verano a la ciega ventana
y toda la noche se oyen sobre el verde
los pasos de la danzarina,
y la voz de la lechuza que llama al ebrio
en púrpura tristeza.
Georg Trakl
Traducción de Helmut Pfeiffer

miércoles, 4 de marzo de 2015

jueves, 6 de noviembre de 2014

Nova economia, nova política

Escrit el 30/10/2014 per Marina Garcés a la categoria ARTICLESArxius d'audio.


(una interpel·lació, una alerta, una inquietud i un repte)

*Intervenció a la taula inaugural de la Fira d’Economia Social de Catalunya, junt a Ada Colau i David Fernàndez, el 24 d’octubre de 2014.Tota paraula està dirigida a algú. No crec en les sentències generals dirigides a un interlocutor abstracte. Fins i tot en els arguments més universals, sempre hi ha esbossat un nosaltres, potser hipotètic, potser per construir, que sosté la paraula compartida. Per això prenc com a punt de partida de la meva reflexió sobre el tema proposat (nova economia, nova política) el context mateix d’on surt la proposta: és a dir, la FESC i les persones que ens reunim aquests dies aquí.
A partir de la interpel·lació que ens llança la Fira, em proposo compartir conviccions i reflexions, també aquelles que no tenen conclusions clares, sinó que obren dubtes, inquietuds i reptes per pensar junts.

La FESC, una interpel·lació ètica i política

El primer que voldria dir és que la Fira d’Economia Social de Catalunya no és la fira d’un sector econòmic i productiu, com qualsevol altra fira, sinó una interpel·lació ètica i política que s’adreça al conjunt de la societat. Tampoc no és una fira de mostres, sinó una trobada d’activitats i de propostes que ens llança a tots una exigència i una interrogació: com volem viure? La pregunta no és retòrica ni està feta a l’aire. Es presenta de manera concreta i material: com volem viure, és a dir, com volem menjar, treballar, consumir, invertir, construir, habitar… Hi ha moltes possibilitats, diferents a les que el sistema ens ofereix, però políticament hi ha bàsicament dues opcions: volem seguir vivint en un règim d’explotació generalitzada o apostem per reapropiar-nos de les nostres vides, cossos, relacions socials i decisions polítiques?
En un món comú, la llibertat es posa en pràctica conquerint, sostenint i tenint cura junts de la nostra interdependència i aprenent, de manera concreta, a dir nosaltres
Des d’aquestes preguntes, els projectes que es donen trobada a la FESC no són una opció entre d’altres, sinó que en el seu conjunt són l’expressió inequívoca del compromís amb un món comú, contra el sistema d’explotació del món global, del món del capitalisme global. Si el món global sotmet, el món comú compromet. Si el món global competeix, el món comú coopera. Al món del capitalisme global la llibertat és sinònim de disponibilitat servil d’individus, societats i Estats, cap a les exigències del mercat. En un món comú, en canvi, la llibertat es posa en pràctica conquerint, sostenint i tenint cura junts de la nostra interdependència i aprenent, de manera concreta, a dir nosaltres.
El món comú no està fora del món global. Ni en un més enllà ni en un futur llunyà. No és un ideal ni una utopia. És la presa de posició resistent, insubmisa i creativa de l’anticapitalisme en les seves diferents formes històriques, polítiques i culturals. Quan dic anticapitalisme no em refereixo només a moviments clarament identificables i organitzats en la seva lluita per a la transformació radical de la societat capitalista. Em refereixo també a cada gest i a cada forma de vida concreta que saboteja i sostrau el seu valor de la lògica del benefici. Des de les pràctiques d’èxode i de refús del treball fins a la generositat afectiva i material amb què s’ha sostingut la vida en els veïnatges, xarxes socials i familiars, i en la creació desinteressada de cultures i de llenguatges irreductibles, l’anticapitalisme ha esberlat la realitat creant i secretant altres formes de vida des dels inicis mateixos de la Modernitat. En aquest sentit, per mi, els projectes que es donen trobada a la FESC són l’expressió concreta, situada i vivible de l’anticapitalisme actual i l’anunci tangible de formes de vida post-capitalistes.

La novetat de la situació

Als anys 80 el capitalisme va crear una ficció temporal: la del seu triomf definitiu. A través d’una victòria històrica sobre el comunisme, i a través d’una promesa seductora que passava per la ideologia del progrés, del desenvolupament i per tant de la promesa d’una vida millor per a tots, el capitalisme es va confondre amb la realitat.
Actualment, aquesta ficció, com les altres bombolles que produeix el capitalisme, ha punxat. La promesa seductora ha mostrat els seus límits, quan constatem que el creixement il·limitat toca sostre i que, per tant, la desigualtat no és allò que el desenvolupament capitalista havia de deixar enrere, sinó que és avui la conseqüència directa del seu funcionament, també en els països més rics. Per altra banda, la victòria del capitalisme sobre el comunisme, després de la guerra freda, no ha portat la pau. La victòria del capitalisme és la d’una guerra permanent. La crisi, per tant, no és un accident sinó una condició del capitalisme i del seu funcionament, que ja només pot seguir mantenint-se des de la seva imposició, cada cop més descaradament brutal i autoritària, com demostra en aquest moment la contraofensiva del TTIP (Tractat Transatlàntic pel Comerç i la Inversió).
Com se situa un fenomen com la FESC, amb tota la seva fragilitat i precarietat, en un escenari global com aquest? La seva importància és que el cooperativisme en les seves diferents formes planteja avui dues qüestions clau i les situa en el cor de les nostres vides quotidianes.
La pregunta no és com recollir i representar tot això, sinó com articular-ho, tenint en compte que la política institucional només en pot ser dels moments i funcions d’aquesta articulació viva
La primera és que en la situació actual hem de passar de la pugna per la riquesa a laredefinició del sentit de la riquesa. Això vol dir que la qüestió ja no és produir més riquesa i decidir, políticament, sobre els models de la seva redistribució (liberal, socialdemòcrata, socialista, comunista, etc) sinó que el que està en joc és desvincular riquesa i creixement. Fa temps que es defensen aquestes idees des de les posicions ètiques i econòmiques del decreixement. Però fins i tot cal anar més enllà d’aquest terme. Més que créixer en positiu o en negatiu, cosa que encara ens deixa atrapats en la disjuntiva entre la riquesa i la pobresa, cal donar el salt a la desvinculació de riquesa i creixement, des d’una aposta clara per la riquesa com a valor a defensar i a compartir. Quin sentit té la riquesa si el valor no es mesura pel creixement? I com entendre, des d’aquí, la seva redistribució, de tal manera que l’autonomia i l’autogestió no siguin només qüestions formals sinó palanques de desmantellament i de transformació real de l’actual sistema econòmic i productiu?
Junt a aquests reptes econòmics, plantejats des del problema real i concret de la producció, el consum i la inversió a petita o mitjana escala, l’economia social obre també una segona dimensió de la problemàtica actual, que és que tot això només es pot fer des d’un espectre de formes de politització diversificades i a l’hora articulades, capaces de vincular auto-organització econòmica i reapropiació de la decisió política a diferents nivells i escales de la vida social. La qüestió, avui, ja no és la de la relació dual i binària entre els moviments socials i les institucions o entre la societat civil i la política. Si avui parlem seriosament de desbordament institucional i de crisi de representació és perquè aquesta dualitat ja no ens situa ni ens orienta. El dins i el fora de la política han saltat.
Els reptes que ens planteja la novetat de la situació actual ens exigeixen pensar i posar en pràctica una politització que travessa la vida en els seus diferents àmbits i nivells d’articulació. La política, en singular, ja no és el que té lloc als parlaments o en determinades formes d’organització com els partits o els sindicats. La política és el que expressa el conjunt de la vida col·lectiva, en les seves diferents formes d’organitzar-se, de manifestar-se, de decidir, de protestar, de reivindicar i de crear. La pregunta no és com recollir i representar tot això, sinó com articular-ho, tenint en compte que la política institucional només en pot ser dels moments i funcions d’aquesta articulació viva.
Si algun sentit té per mi parlar avui de nova economia i de nova política té a veure amb aquest doble repte: redefinir el sentit de la riquesa i articular formes de politització diversificades i autònomes, capaces de superar avui la clausura institucional de la política i el determinisme de la dictadura econòmica.

Una alerta, o sobre la insistència en la novetat

No hem de confondre, però, la novetat de la situació amb la novetat del producte. Desbordar les institucions polítiques des d’una politització de la societat distribuïda i diversificada no és un ideari nou i hi ha moltes experiències antigues en el temps que són la base de les propostes actuals. El mateix passa amb les pràctiques de l’economia cooperativa, social i solidària: reprenen velles experiències i aprenentatges per a temps i realitats noves. La resistència al capitalisme no és nova, però necessita inventar i concretar respostes per a conjuntures que canvien a cada lloc i per a cada temps històric.
Curiosament, però, tant el pensament revolucionari com el capitalisme, que són igualment fills de la Modernitat, comparteixen el culte a la novetat i a la joventut. La revolució busca fer un món i una humanitat nous. El capitalisme, que n’és la seva cara perversa, destrueix la societat antiga per produir i vendre més i més novetat, en forma de mercaderies i d’experiències. El que la modernitat converteix en un valor polític, estètic i mercantil, és la novetat per sí mateixa. I és que ella mateixa, la Modernitat, es defineix com un temps nou.
Al final, la novetat, revolucionària o capitalista, sempre resulta ser un producte de temporada
La novetat, però, és un valor temporal per definició: la novetat caduca quan envelleix o quan entra en el terreny d’allò conegut. Al final, la novetat, revolucionària o capitalista, sempre resulta ser un producte de temporada. No ens podem presentar, per tant, com a novetat, sense condemnar-nos, necessàriament, a caducar o a decepcionar. Què passarà quan els joves d’ara siguin vells, quan les cares noves d’ara siguin conegudes i quan el que semblen propostes noves mostrin que no ens han portat ni a un món ni a un país tan nous com prometien?
“Nou” és un adjectiu buit, que buida d’altres valors allò que volem viure, compartir o proposar. Tenim molts altres adjectius, heretats i per inventar, amb els què omplir d’idees, d’indicis i de referències l’economia i la política que volem: social i solidària, diem quan parlem d’una economia que se sostrau al dictat del benefici particular. Podem afegir: i justa, i digna, i decent, i honesta, i lliure, i cooperativa, i comuna, i autònoma i… i… i…
Els adjectius comprometen, però és un compromís que no podem defugir. Actualment tendim a esquivar els que la història del darrer segle ens ha llegat més marcats: comunista, socialista, anarquista… Pesen, perquè van lligats a experiències històriques i a relacions de poder que, en molts dels seus aspectes no volem repetir i perquè els seus -ismes predeterminen allò que podem fer, viure i proposar. Tergiversem i omplim aquests adjectius de nous sentits i experiències, si es pot, i busquem-ne d’altres, tots els que ens facin falta per a desplegar propostes col·lectives i organitzatives obertes a allò que encara no sabem i als reptes concrets del nostre temps. Però no caiguem en la buidor i en la trampa de la novetat com a valor. Ens durarà dos dies i quan el temps passi inexorablement ens caurà, implacable, la seva lògica: ens haurem fet vells, nosaltres i la nostra política.

Una inquietud, o sobre els temps de la política i les seves oportunitats històriques

Ens sentim, de sobte, en una situació d’emergència. La crisi econòmica que des de 2008 marca el pas de les polítiques econòmiques de les societats més riques, ha introduït a les nostres cases i a les nostres vides el que la ficció de la promesa capitalista d’una vida millor per a tots ens permetia ignorar: els límits humans, socials i ambientals de l’actual règim d’explotació del món global. Aquests límits ja no arriben en forma de denúncia o de discurs abstracte, sinó en forma de precarietat, la nostra precarietat. Però la desigualtat, la guerra pels recursos i la violència econòmica sobre poblacions senceres no havien desaparegut mai del planeta. L’havíem esborrada nosaltres del nostre horitzó i de les nostres confortables catifes.
Més que un gran moment, ens cal prestar atenció a la multiplicitat de temps de vida que junts podem sostraure al domini polític i a l’explotació capitalista
Percebre’ns en situació d’emergència ens fa, però, confondre, la urgència amb la pressa i la necessitat de reaccionar amb l’oportunitat històrica. És una confusió que es creua amb la conjuntura del nostre país, on l’emergència global es creua amb un fi de cicle històric i generacional local. Així, tendim a interpretarl’impasse actual, fet d’una barreja estranya d’amenaces i de possibilitats, com una oportunitat històrica única en què només es pot perdre o guanyar. La sabrem aprofitar o no? És un escenari excitant i mobilitzador, perquè enfoca totes les energies en una jugada, aquí i ara, ara o mai. Però jo no crec en l’ara o mai. Si les novetats caduquen, les oportunitats passen. I després què? Després, o la victòria total, que ja sabem que no existeix, o la frustració i el fracàs. Les narracions lineals, com les pel·lícules, només tenen dues opcions: acabar bé o malament. En la lluita per a defensar i construir un vida digna per a tots, no hi ha final ni després. Hi ha un ara insistent, persistent i pacient que fa de cada dia un repte i una exigència.
Més que oportunitats històriques, ens cal aprendre a veure i valorar la potència de cada situació des d’una visió històrica. Més que a un gran moment, ens cal prestar atenció a la multiplicitat de temps de vida que junts podem sostraure al domini polític i a l’explotació capitalista. I més que una victòria, necessitem paciència, insistència i persistència, que són les virtuts amb què realment ens podem reapropiar dels temps de la política, sense ser víctimes d’una cruel i implacable política dels temps. Una de les coses més importants que vaig aprendre als centres socials okupats dels anys 90 a Barcelona va ser que la millor manera d’obrir espais de vida i d’intervenir des d’ells en els conflictes reals de la nostra ciutat era generar calendaris i agendes pròpies. Això no volia dir anar “a la nostra bola”. Això era entendre que el temps de la història, quan és únic, sempre el dirigeixen ells.

Un repte, o sobre la relació amb el poder

Amb això entrem en l’esbós d’una darrera reflexió inacabada, la que planteja el que per mi és ara l’element clau que defineix la novetat de la nostra situació política actual: la relació amb el poder. Això sí que és nou, per a nosaltres. I per a nosaltres vol dir per a una generació molt concreta, nascuda i crescuda durant la Transició espanyola, lluny de qualsevol relació directa amb el poder, ja sigui econòmic o polític.
En aquests 30 anys de victòria material i simbòlica del capitalisme, en les seves diferents versions, neoliberal o socialdemòcrata, no és que no s’hagi combatut el poder, com a vegades es vol fer creure. Hem lluitat, hem resistit i hem creat formes de vida alternatives. Però aquestes formes de vida, de lluita i de resistència han crescut en els marges. Marges incòmodes, en molts casos, perquè hi ha hagut molta repressió, destrucció i marginació. I marges també còmodes, perquè també hi ha hagut moltes formes de tolerància, d’integració i de folklorització de les alternatives i les diferències. En tot cas, aquesta marginalitat ens ha permès desentendre’ns del problema del poder. Del poder institucional, com a tal. Però també del fet de què vol dir tenir poder sobre o des de la vida col·lectiva i exercir-lo.
Reapropiar-nos de les nostres vides col·lectivament exigeix, doncs, plantejar la qüestió: com prendre el poder (el poder de fer i de decidir), sense ser presos pel poder? La dita diu que el poder corromp. Massa fàcil: sembla un fet natural. Jo ho diria d’una altra manera: el poder sedueix i destrueix. O una cosa o l’altra, o les dues a l’hora. Sortir dels marges de la vida social per ocupar-ne el centre com hem ocupat les places demana molta honestedat sobre els nostres límits i molta intel·ligència col·lectiva per aprendre a relacionar-nos junts amb aquest poder del poder: el seu poder de seducció i el seu poder de destrucció.
Però no volem ni salvadors, ni tecnòcrates de la realitat: necessitem companys i companyes capaços de compartir els seus temps, sabers, afectes i llenguatges per a articular aquestes formes de vida rica, autònoma i recíproca que volem construir
En aquest sentit, un element de preocupació i una dosi de confiança: la preocupació ve del fet de percebre un nou desig d’autoritarisme entre nosaltres i en àmplies capes de la societat. La situació d’emergència es tradueix sovint en un desig de salvació i, per tant, de figures salvadores. Moltes vegades, l’autoritarisme ho és perquè és sol·licitat pels qui creuen que necessiten ser salvats. Però quan la salvació entra en el llenguatge de la política, la política mor i entren altres fenòmens que també organitzen la vida col·lectiva, com la religió, els moviments de masses o els discursos redemptors del tipus que siguin. I això passa a dreta i esquerra. L’autoritarisme, avui, es disfressa de realisme i el nou déu, implacable, és la realitat: funciona així i no pot ser d’una altra manera. Paraula de Déu. Però no volem ni salvadors, ni tecnòcrates de la realitat: necessitem companys i companyes capaços de compartir els seus temps, sabers, afectes i llenguatges per a articular aquestes formes de vida rica, autònoma i recíproca que volem construir.
Des d’aquí, una dosi de confiança: tot i que la bèstia humana és antropològicament incorregible i que la història tendeix a repetir-se, hi ha coses que hem après perquè les hem viscudes fa molt poc. En aquest país, per sort o per desgràcia, la història sempre és molt recent. I actualment, encara tenim dirigint la política, l’economia i els mitjans de comunicació molts d’aquells que un dia van ser cares noves que volien fer un món nou. No cal fer arqueologia. Podríem fer un pessebre vivent amb aquestes figures.
Respecte ells hi ha un tall, això sí que ho crec: un tall cultural i generacional, que és també un tall econòmic i polític. El tall és el que el mateix sistema, mostrant els seus límits, ha imposat: els qui venim darrera, com a generació, ja no ens podrem col·locar. Som els fills de la crisi, aquells que diuen que ja no viurem mai millor que els nostres pares. Però també som els fills de la xarxa, i del desig de transparència i d’una educació poc disciplinària i relativament igualitària que ens ha permès aprendre a viure des dels nostres vincles i interdependències. Això ens posa en una altra situació: o ens llancem cínicament a la competitivitat més desaforada o desenvolupem les diferents cares de la cooperació necessària. O el poder d’uns contra els altres, o l’aposta per descobrir el que juntes podem. No hi ha terme mig. Estem en una bifurcació on el desig de poder econòmic i polític es despulla i mostra les seves cartes. Són cartes lletges, però a vegades la lletjor, cara a cara, és el que pot inspirar més confiança. Ens ensenya descarnadament el rostre d’allò que mai voldrem arribar a ser.

eXTRAIDO DE  

La revista Nativa